INTRODUCCION LA GRAN DORADA POR RAUL MARIO

Conocí a Raúl Mario a través de nuestra afición común por el coleccionismo de los antiguos carretes españoles Sagarra. Tras enviarme su increíble álbum fotográfico, en el que mostraba sus impresionantes capturas a lo largo de distintas jornadas, me di cuenta que estaba ante un pescador excepcional y único.Tras varios contactos, decidimos entre ambos realizar una serie de reportajes para la revista Pescamar en el que por primera vez se explicaban las técnicas, factores y escenarios para realizar este tipo de pesca de doradas detamaño casi insólito. Él puso todo su conocimiento a lo largo de miles y miles de horas en la playa, mientras yo ordenaba toda su sabiduría práctica en formato periodístico. Tanto en estos artículos de la revista Pescamar, como en este libro, se emplea el estilo de declaraciones o citas, donde Raúl comenta con sus palabras, como si se tratase de un narrador, sus comentarios sobre determinados temas. Un formato que da más proximidad y que parece que al lector se le responden de manera directa sus preguntas.Destacar que en dichas tertulias sacó a relucir su excepcional estudio que él mismo ha realizado anotando durante años en su cuadernillo a pie de playa la conducta de los peces, horas de pesca, cebos ideales…unos resultados excepcionales que rompen con algunos estereotipos populares
como el momento más adecuado de la marea, o la carnaza más eficaz para capturar estos grandes peces.
A partir de la primera experiencia de la publicación en la conocida revista, ampliamos en este libro lo expuesto en los artículos, a modo de auténtico manual, para instruir al que pretenda cumplir el sueño de pescar el gran pez. Se trata de buscar la dorada gigante, aquella que supera al menos los 2 kilogramos, y de allí hasta los 6 ó 7 Kg. auténticos monstruos de esta especie que cualquier pescador soñaría recoger con su carrete. Se han escrito muchos libros sobre la pesca de la dorada, pero éste es el primero dedicado a la técnica de la búsqueda de los grandes ejemplares.Recordar que nos ceñimos a una técnica a practicar en la zona de la Bahía de Cádiz, y otras partes de Andalucía, lugares privilegiados en toda la península donde acuden en determinadas épocas las doradas más vigorosas, algunas de auténtico récord mundial. También otras costas del Mediterráneo pueden albergar alguna sorpresa de este pez, pero lejos del pesaje de los ejemplares propios del sur español. No obstante, también dedicaremos algún capítulo referente a otras latitudes del Mediterráneo. Pero la captura del gigante, no por ser posible, tampoco hay que engañar al lector: no es fácil. Requiere de mucho sacrificio u horas a pie de playa, conocimientos técnicos y ambientales, y volver de vacío en algunas ocasiones. No obstante, este libro permite conocer las claves y los secretos, que Raúl relata con su enorme pasión y experiencia. Aplicando adecuadamente esas pautas, es posible que incluso algún foráneo, apasionado al surfcasting, pueda por fin colgar en su vitrina una foto con una captura increíble, aunque fuera por una vez en la vida. El viaje al sur empieza en estas páginas para los auténticos enamorados de la pesca.

PESCADORES DE GRANDES DORADAS

Conocer cómo el coautor de este libro, el pescador Raúl Mario ha conseguido ser uno de los más sobresalientes pescadores de esta especialidad de Andalucía nos acercará a la dificultad de una especialidad tan gratificante como sacrificada. En pesca nada es al azar, y en conocer acertadamente el mar influyen tanto el escenario concreto de cada pescador, como los maestros directos o
indirectos, bien sean parientes o amigos. En el caso de nuestro protagonista, un aprendizaje entre toda una saga familiar de pescadores de embarcación, primero con su abuelo, y luego con su propio padre, hicieron que este joven sea en la actualidad uno de los pescadores deportivos más conocidos de la bahía de Cádiz.
Con gran capacidad de análisis sobre el mar, e interpretación del medio, Raúl prefirió seguir en esta tercera generación de pescadores por la senda de la caña en la playa, en vez de la del motor en la barca de madera de sus predecesores. A los 14 años dejó la pesca a flote con su padre y abuelo para iniciarse en el surfcasting, una pasión que no puede dejar, llevando muy adentro lo que es su único “hobby”. Gracias a esta auténtica universidad familiar de la pesca, asimilada durante centenares de salidas a la orilla del océano, ha conseguido ser uno de los más sobresalientes pescadores de grandes especies. Es, por méritos propios, un auténtico especialista en recoger asombrosas doradas, pargos o hurtas, ejemplares que si tiraran de nuestros carretes, quitarían el hipo a más de uno. La causa principal de que Raúl se dedique casi en exclusiva la pesca de grandes peces marinos al surfcasting es muy curiosa: radica en que a él no le gusta ni come nunca pescado. Esta contradicción ha tenido un efecto positivo en él: no le obsesiona pescar mucho y llegar a casa con el cubo lleno, si no con pocas piezas, pero enormes. Mientras otros pescadores intentan llevar algo a casa, él prefiere centrarse en la gran pieza. Del mismo modo, el pescador deportivo que busque en Cádiz la gran pieza tendrá descartar otras técnicas y especies, ya que esta especialidad requiere todo el esfuerzo y tiempo. Por esto que esta técnica está destinada al gran pescador que decida entregarse, aunque sea por unos días, al objetivo de engañar al voluminoso pez.

 De aquí que el primer consejo que se da al que quiera probar esta pesca es la paciencia y constancia; hay que pagar el precio de tener que volver de vacío muchos días. Esta disciplina implica que con pocas vibraciones de la caña las capturas puedan ser más gratificantes y voluminosas en kilos totales, que dedicando el mismo número de jornadas a la pesca de peces pequeños. Aplicando esta filosofía, Raúl emplea todo su tiempo en la espera de las grandes piezas, marcándose él mismo un ritmo de espera relajado. Para él, traer pescados de menos de kilo y medio no es aceptable, no está entre sus prioridades, disfruta más de la deportividad y espectacularidad de la recogida de las grandes piezas. Teniendo en cuenta esta disciplina de buscar los peces más voluminosos, únicamente emplea técnicas y cebos que puedan atraer a los  más colosos, como anzuelos más grandes, hilos muy finos pero a la vez resistentes para aguantar el embiste de estos poderosos, y cebos concretos para estas especies; como los “pepinos de mar”, sepia o cangrejos. “Cuando se dobla la caña, es difícil que con las técnicas que utilizo, no traiga una
dorada más grande de dos kilos y medio”, comenta sobre su especialidad.
Incluso cuando las circunstancias del mar de una jornada le permitirían pescar con garantías peces de menor calibre -como sargos medianos- renuncia a cogerlos a sabiendas que podría llevar una buena pescata de los pequeños espáridos, y él sigue a la suya: tirar la caña tentando a los gigantes: “Aunque el día fuera muy favorable para coger muchas capturas de pescados pequeños, prefiero ir a casa de vacío con la satisfacción de haber destinando mis energías y pesca a la posibilidad de haber llevado una gran dorada de trofeo”. Si la jornada fue fructífera, después de repartir piezas entre familiares y compromisos, vende algunos de estos peces gigantes a los restaurantes de Cádiz que pagan sobre 10 euros el kilo, un precio muy inferior al que se oferta en la plaza por estas cotizadas piezas. En alguna jornada gloriosa ha llegado a obtener más de 300 euros en la venta de varios grandes ejemplares.

TRAS MUCHOS LANCES LLEGA POR FIN LA CAPTURA DESEADA UNA PESCA MUY SACRIFICADA .

Para los que vivimos lejos de Cádiz, seguro que nos parecería un paraíso irresistible el poder practicar este tipo de pesca y disfrutar de estas capturas irrepetibles. Posiblemente, tras ver estas imágenes de estas piezas de ensueño, pensemos que sin duda de vivir en este bello sur español, iríamos todos los días con la caña a la playa. Sin embargo, Raúl nos comenta que al contrario de lo que se podría especular, hay pocos pescadores gaditanos que compartan como él la búsqueda de los grandes peces: “El sacrificio es muy grande”, -me repite varias veces con insistencia-“yo tengo una vena metida en el cuerpo que no la puedo evitar, y formo parte de una estirpe de pescadores, pero si uno además de esta afición, tiene su trabajo, y se tiene que levantar a las cinco de la mañana para coger el amanecer para encontrarse con las dorada, o madrugones únicamente para buscar cebos con la marea baja, y luego comenzar la jornada laboral a las nueve, el día resulta muy duro”. Resaltar que en el plano personal Raúl también es otro superhombre, su trabajo consiste nada menos que en colgarse de una cuerda con mosquetones para reparaciones de fachadas y trabajos de albañilería. Una profesión peligrosa que le obliga a estar en forma y jugársela día a día. Por esto que muchos de los pescadores gaditanos prefieren la pesca de pequeñas doradas, más garantizadas sus picadas, no teniendo que lanzar tan lejos y utilizando equipos de pesca más sencillos y ligeros. Después de pescar al alba, y cumplir posteriormente su trabajo de varias horas, Raúl muchos días vuelve de nuevo a la playa por la tarde, y así varios días a la semana. Por esto que estos grandes trofeos, recogidos ya en un álbum fotográfico insólito, no son fruto de la casualidad, ni de ir únicamente el sábado a pescar por la mañana. Además de tener grandes conocimientos de la pesca en la zona, y acudir en días favorables, la constancia y el estar muchas horas a pie de arena vigilando los punteros, son también necesarios para conseguir con regularidad lo que para muchos sería por un día el sueño de recoger “el pez de su vida”.

Además del descenso de estos grandones marinos, a Raúl también le desalienta el hecho que la pesca deportiva con caña esté muy poco valorada en su entorno: “Incluso con mis capturas espectaculares, nadie te reconoce nada; tus méritos, sacrificio, y trabajo… eres uno más que estás en la playa…para colmo, algunos dicen que estás loco por repetir tantas horas en la orilla con la caña”. Pese a la bien ganada fama de los pescadores de guardar los secretos para sí mismo, como algunos de sus compañeros de pesca así lo hacen, Raúl no opina así, y nos comenta que a él lo que le gusta, y disfruta, es ayudando a los demás, enseñando sus conocimientos a los que se lo piden: “Muchos de mis amigos de puesto son muy recios a los extraños… yo al contrario, incluso si veo a alguien forastero que está pescando en una zona incorrecta le aviso donde debe hacerlo, ya que acaban de llegar y no saben muchas cosas…me gusta que la gente que se me acerca sepa que en mi tierra se puede coger un pez increíble”. Su buena disposición le lleva a que incluso otros paisanos le recriminen y comenten que “no debería dar datos”, pero él disfruta haciéndolo. Para mayor prueba, este libro. Unos conocimientos y técnicas que satisfarán a muchos lectores que desconocían la posibilidad de capturar con caña desde la costa gaditana estos grandes
depredadores.

DESCRIPCION

Conozcamos un poco más las características generales de nuestro objetivo. La dorada se clasifica con el nombre científico de “Sparus aruta” y es el más grande de los espáridos que podemos encontrar en la península. Con una forma ovalada, con cabeza corta y rostro curvado. El nombre de dorada viene de las manchas color oro que se ubican en la parte superior a los ojos, y que tras su muerte pierde viveza tras su muerte. Sus gruesos labios esconden una fuertísima mandíbula compuesta por varias filas de auténticas muelas entre caninos y cinco series de molares que forman una auténtica máquina trituradora de conchas, moluscos y crustáceos. Como explicaremos requiere extremar la precaución al sacar el anzuelo ya que incluso podemos tener el peligro de sufrir una amputación en el caso de los grandes ejemplares. La cola imprime velocidad y vigor, es un pez luchador, vigoroso y que ofrece un combate noble que cualquier pescador disfruta y admira. Cada hembra deposita millones de huevos. Con la llegada del frío abandonan la costa para dirigirse al mar abierto. Merodeador de aguas de poca profundidad, alterna tanto la arena como zonas pedregosas. En ambos escenarios busca moluscos, bivalvos, crustáceos, alimentándose de aquí para allá en busca de comida. Frecuenta las aguas salobres de las proximidades de la costa. Por esto que la bahía de Cádiz es un lugar ideal donde busca refugio, desove y alimentos. También es un pez “friolero” que busca las aguas cálidas, por lo que únicamente será factible su pesca cuando el agua tenga la temperatura adecuada en la época idónea. Mientras en su etapa juvenil busca el amparo de los grandes bancos, al llegar a su fase adulta, precisamente los ejemplares adultos que buscamos, se vuelve más solitario, por lo que es más difícil obtener tantas picadas como en el caso de los tamaños más pequeños. La satisfacción de pescar en las bellas playas de Cádiz y encima obtener piezas de este calibre .

EPOCA DE LA DORADA EN CADIZ

La búsqueda de estos deseados espáridos abarca en Cádiz tres fases: desde el principio de temporada- marzo, abril y mayo- cuando se pueden coger los ejemplares grandes. En los meses veraniegos de junio, julio y agosto también es período de doradas, pero de pescados mucho más pequeños que no sobrepasaran habitualmente los dos kilos y medio en el mejor de los casos. La
tercera fase coincide con la llegada del final de temporada: septiembre, octubre y primera quincena de noviembre, cuando vuelven las posibilidades de poder fotografiar el pez descomunal, siempre que no hubiera precedentes de temporales otoñales, o mucho viento del norte. Y en esta última fase otoñal, es vital sobre todo, que las aguas hayan mantenido la misma temperatura durante
una temporada, siendo la óptima y más favorable cunando las aguas se estabilizan entre los 21-22 grados. Si éstas bajan de los15 grados, ya hay que dar por terminada la temporada de pesca de este pez. Raúl lleva un termómetro a la playa para medir la temperatura de la orilla y saber si el día  será propicio. Para nuestro guía, en estos meses otoñales entre septiembre y noviembre es cuando se pueden recoger las piezas más grandes de toda la temporada, ya que las grandes doradas engordaron durante el verano.

CUANDO PICAN EN BAJAMAR O PLEAMAR ?

Los datos anotados en sus largas jornadas de pesca nos permiten conocer las mejores horas de pesca en las que este infatigable merodeador de la playa ha tenido sus piezas más voluminosas. Desde la bajamar, cuando la playa está completamente vacía, y las posteriores 5 horas de subida hasta la pleamar, Raúl anotó en este quinquenio nada menos que 230 grandes doradas. Estos datos relativos a la marea son los que esperaba, ya que precisamente las horas de subida de marea son las que los pescadores de la zona consideran más productivas. Sin embargo la sorpresa llega en los números anotados en su libreta, cuando observa que también en las horas de posteriores a la pleamar consiguió la nada desdeñable cantidad de 208 grandes doradas, apenas 22 menos que las obtenidas en franja de bajamar. Una diferencia tampoco tan relevante, apenas una veintena en unos márgenes de más de cuatrocientas piezas. Según él: “echa un poco por tierra la teoría, creencia o tradición que únicamente durante la creciente de la bajamar es cuando se pueden conseguir buenas capturas”… Eso sí, los puntos fuertes serían en las dos primeras horas que siguen a la bajamar, y también las dos horas posteriores a la pleamar, son los márgenes que más piezas de estos gigantes ha logrado capturar. También en la tercera hora posterior a estos dos ciclos de marea son buenos momentos, aunque menos efectivos que las dos horas anteriores. tabla de marea en cadiz http://www.tablademareas.com/cadiz aqui puede ver cuando sube y baja la marea con sus horarios .

ANALIZAR LA PLAYA

Los pescadores experimentados son aquellos capaces de leer las cualidades de una playa contemplando sus características en base su orografía y factores como el viento o corrientes. La primera interpretación para saber cómo se plantea la pesca de las grandes piezas, consistiría para nuestro experto en llegar a la playa para observar y analizar previamente el escenario antes de clavar la caña.¿Cuál será el primer dato a tener en cuenta en Cádiz? En el caso de estos grandes depredadores que deambulan por las costas gaditanas para alimentarse, habrá pasear por la playa con la marea baja, después de los temporales de febrero y marzo y observar si las corrientes han traído a la orilla restos de conchas, o caparazones de sepias, alimentos irresistibles para estos grandes peces que acuden a la zona a alimentarse.Nuestro protagonista recorre la playa con la marea baja únicamente para ver si en las pozas y charcas hay abundancia de comida para los grandes, como cangrejillos, ermitaños, gusanos…También los propios excrementos de las doradas en un barómetro que señala que por allí ya están deambulando. Las defecaciones son fácilmente detectables, las heces son blancas y con forma de gusano blanco, deposiciones que suelen realizarse entre las piedras.

OBSERBAR CON LA MAREA BAJA

En cualquier caso, en las zonas de playas mixtas hay que buscar los alrededores de las piedras bajas- aquí denominadas como lajas-y los pasillos de arena, o pozas, ya que los grandes peces se mueven por estos entornos de fondo para buscar los cangrejos, ermitaños o racimos de huevos de las sepias que colocan en las piedras. Estos grandes pescados suelen curiosear por estas zonas mixtas.Lo recomendable es primero acudir con la marea más baja posible, para ir viendo dónde están las piedras, seleccionar visualmente estas áreas mixtas, que pronto con la creciente de la marea irán tapándose y desapareciendo de nuestra visión desde la orilla. Mientras que a comienzos de temporada, las grandes doradas buscan en las arenas limpias, frecuentadas por las sepias, en junio, julio y agosto se acercan más a las piedras, por lo que en verano es más recomendable más acercar el cebo a las rocas del fondo.También la presencia de restos de conchas o caparazones vacíos de crustáceos en canales de arena descubiertos por la bajamar nos avisan de que por allí ya pasaron las demoledoras mandíbulas de las doradas adultas.

CONTINUARA ...............